Nunca he sabido qué escribir, pero, por el contrario, siempre he querido y he sentido que necesitaba hacerlo. Puede que sea una incongruencia, y es que mi vida está llena de ellas. Después de estas dos líneas no tengo muy claro qué debería hacer: si seguir escribiendo lo primero que se me venga a la mente y ver hasta dónde me lleva esto, o cerrar la pestaña, darle a no guardar y acomodarme en el sofá mientras intento no pensar en nada.

Por ahora empezaré con este pequeño espacio en el que voy a intentar divagar y contar un poco cómo veo yo el mundo; no sé si alguien se sentirá identificado o simplemente entretenido, pero espero que así sea. 

Tu puzzle

Muchas veces pienso en lo curioso que es no saber la historia de las personas que tienes a tu alrededor; no sabes a qué se dedica la señora que tienes sentada a tu lado en el autobús, ni los problemas que ha tenido que pasar el hombre que va delante de ti en la cola del supermercado. Son tantas historias, tantas vidas con situaciones diferentes, que me apasiona. Me encanta poder conocer a gente nueva y hacerles mil preguntas: qué les ha llevado hasta allí, cómo se ven en un futuro... Llegas a ver mil maneras diferentes de ver la vida, decisiones que tú nunca tomarías o incluso te surgen ideas que hasta ese momento ni siquiera te habías replanteado.

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Ser hijo único

Otra cosa que tengo muy presente de mi infancia, y de la que estuve reflexionando el otro día, es el hecho de que estoy muy feliz de ser hija única. Es algo que de pequeña me hacía avergonzarme un poco y no sé muy bien el porqué. Por una parte, la gente me hacía sentir que me tenía que sentir sola por no poder jugar con nadie y, cuando me hice un poco más mayor, aparecieron algunos comentarios dando a entender que era una mimada por tener todo para mí y que no sabía compartir. Creo que todo esto puede tener una parte de realidad, pero también creo que con una buena educación puedes llegar a ignorar ese egoísmo y no nos tenemos que olvidar de que también existen relaciones con otras figuras de tu familia o entorno que pueden asemejarse, salvando las distancias (en mi caso, con mis primos). Pero ahora me encantaría resaltar lo bueno que tiene ser hijo único, algo de lo que se habla muy poco.

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La inteligencia de los niños

Hablando de niños, sinceramente, me parece que es la mejor etapa de nuestra vida, en la que todavía la sociedad no ha sido capaz de corromper nuestras ideas y pensamos de la manera más pura y sencilla, sin ningún estereotipo, mentira u odio, incluso. Cuando vemos a todo el mundo igual, como gente mayor. Y, muchas veces, creo que los llegamos a infravalorar. Me parece que son mucho más inteligentes de lo que podemos llegar a pensar y, simplemente por ego, nos creemos superiores a ellos, porque tenemos la necesidad de dejar claro que hemos sido lo suficientemente capaces y hábiles para mejorar esa versión de nosotros mismos y avanzar; pero, tristemente, lo primero que deberíamos admitir es que en la gran mayoría de los casos esto no es real. Nosotros seguimos siendo nosotros, tengamos 3, 20 o 50 años; no hemos sido ni más tontos ni más inteligentes, simplemente hemos actuado en base a los recursos que hemos tenido, según van pasando los años, las experiencias vividas nos hacen tomar diferentes decisiones que conducen a destinos alternativos (porque a “nadie” le gusta caer dos veces con la misma piedra) y esas experiencias son los recursos que antes he comentado, pero eso no significa que tú hayas elegido avanzar en la especie, siendo un tú 2.0 y hayas evolucionado como un Pokémon. Es algo natural.

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"¿qué sómos antes nacer?""

Hace ya unos años, cuando era una renacuaja, tenía una pregunta rondándome la cabeza y hasta ahora me ha parecido muy curiosa, ¿Qué éramos antes de nacer? Quiero decir, todo el mundo se replantea qué pasará con nosotros cuando acabe esta vida y, dejando aparte lo religioso, esa respuesta es un foso oscuro y misterioso lleno de teorías imposibles de ser demostradas.

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