La inteligencia de los niños

Publicado el 20 de agosto de 2023, 11:27

Hablando de niños, sinceramente, me parece que es la mejor etapa de nuestra vida, en la que todavía la sociedad no ha sido capaz de corromper nuestras ideas y pensamos de la manera más pura y sencilla, sin ningún estereotipo, mentira u odio incluso. Cuando vemos a todo el mundo igual, como gente mayor. Y muchas veces, creo que los llegamos a infravalorar. Me parece que son mucho más inteligentes de lo que podemos llegar a pensar y simplemente por ego nos creemos superiores a ellos, porque tenemos la necesidad de dejar claro que hemos sido lo suficientemente capaces y hábiles para mejorar esa versión de nosotros mismos y avanzar, pero tristemente lo primero que deberíamos de admitir es que en la gran mayoría de los casos esto no es real. Nosotros seguimos siendo nosotros, tengamos 3, 20 o 50 años, que no hemos sido ni más tontos ni más inteligentes, simplemente hemos actuado en base a los recursos que hemos tenido, según van pasando los años, las experiencias vividas nos hacen tomar diferentes decisiones que conducen a destinos alternativos (porque a “nadie” le gusta caer dos veces con la misma piedra) y esas experiencias son lo recursos que antes he comentado, pero eso no significa que tu hayas elegido avanzar en la especie, siendo un tú 2.0 y hayas evolucionado como un Pokemon. Es algo natural.

Con esa infravaloración, me refiero a esa manera tan boba en la que muchas veces les hablamos o que por simple pereza, no les expliquemos o aclaremos las dudas que nos formulan. Muchas veces es tan sencillo como adecuar la respuesta a algo que ellos logren entender. Todavía tengo el vago recuerdo de ser yo muy pequeña y no parar de preguntar con mis insaciables ganas de aprender sobre las noticias de política que aparecían en la tele. Mis padres en vez de pasar de mí (algo mucho más cómodo y sencillo), se tomaban su tiempo e intentaban explicármelo de una manera comprensible para mí. Esto me hacía querer aprender más, poder hablar de otras cosas con mis padres y sentirme útil e inteligente. Pero, por el contrario, me enfadaba mucho cuando se lo preguntaba a otras personas y se reían con el típico comentario: “eres demasiado pequeña para entenderlo, son cosas de mayores”, pues no, yo era plenamente capaz de entenderlo y quería hacerlo. Yo sentía que me obligaban a quedarme atrás, me quitaban las ganas de aprender y con eso el poder de seguir avanzando.

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