No era el sitio, no era la gente, eran mis ojos.
Todo es igual y a su vez muy diferente. Las calles parecen más espaciosas, los rincones más misteriosos y las conversaciones más intrigantes. Puedo parar el tiempo, puedo dejar la mochila y salir con un bolso pequeño. Qué bonito y triste es darse cuenta, ¿me habré perdido muchas cosas? No lo sé, pero estoy a tiempo de no perderme más.
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